viernes, 29 de mayo de 2015

Santuario y mercado de Cotoca, Bolivia



Dña. Claudina en las ofrendas. Cotoca. 2015

El santuario de Cotoca, Bolivia
Fue una visita breve y nutricia: Dña. Claudina tenía que encenderle unas candelas a la virgen y pasamos allí una horas inolvidables. Fuimos en un micro recargado de abalorios y un rótulo destacado que anunciaba: COTOCA. Éramos un grupo familiar numeroso, bien avenido y teníamos el propósito de pasar el día en uno de los centros más populares de Santa Cruz. El calor era sofocante, la gente se agrupaba en multitud y los creyentes hacían colas en todas partes. Se trata de un “pueblo santuario” donde la fe popular se ha manifestado entorno a la virgen del mismo nombre.
Cuentan que se les apareció en el hueco de un árbol y los calmó de la huída... Eran dos fugitivos que iban a linchar acusándolos de asesinato. Ella los ocultó y salvó ya que eran inocentes. Cuando encontraron a los culpables se hizo el primer milagro y las gentes la creyeron con fe manifiesta. Apareció y allí se quedó para siempre. En el año 1799, la imagen se veneraba en una cabaña de motacú en una finca privada, no obstante la imagen ya era popular y visitada por las gentes de la región. A comienzos de siglo XX se hizo la iglesia de estilo colonial, se colocaron las campanas donadas por una persona que también salvó la vida ayudado por la virgen. Le prometió las campanas mientras se ahogaba en el tumulto de las aguas de un río: ¡ no se como pudo hacerlo! Salió vivo de aquella y cumplió con su palabra: ¡vaya que sí la cumplió!

Santuario de la virgen de Cotoca, 1902, Bolivia 2015

Allí todo es humilde, las gentes alegres, los días relajados y el sol agradecido. Hasta la aparición de la virgen tiene mucho de amparo a los desfavorecidos, de consuelo sencillo, de esperanza posible. Las peticiones son atendidas porque la gente que acude a la virgen no pide imposibles, pide que se cumplan las leyes de la selva y que la vida se de con generosidad. Se cuentan tantas intervenciones divinas, tantas bondades "celestiales" que podemos afirmar que se trata de el santuario “milagrero de la América del sur”.

Batidora. Cocineras de Cotoca. 2015

El mercado
Es un pueblo sin pretensiones: desde el principio fue poblado por descendientes de los esclavos. Sus gentes fueron negros, mulatos, mestizos y obreros que trabajaban en las haciendas colindantes. Todavía hoy se ve esta hermosa herencia en los mercados populares, en las calles, bares y barberías.

Cocineras de Cotoca. 2015
Cotoca fue en el pasado una parada obligada para los viajeros que iban a la Chiquitanía o rumbo a Brasil. Está cercana al lugar donde estuvo por segunda vez la ciudad de Santa Cruz, "la Vieja" Las tierras son frondosas, fértiles y húmedas y la exuberancia de la naturaleza es una réplica exacta del jardín prometido...

Sonrisas "generosas" de las cocineras de Cotoca. 2015

El mercado es una fiesta sensual, un elogio al color, a los olores y sabores. La amabilidad de las gentes ayuda a que los visitantes se queden a consumir alguna cosa en la zona de comedores. Una sala inmensa, con el techo de calamina y unos grandes ventanales que no se han limpiado nunca. Los ventiladores giraban sin cesar no obstante el humo de la carne chamuscada saturaba el aire y sin querer se iba abriendo el apetito: se comía carne sin pensar…

Cocineras de Cotoca. 2015
Tomamos asiento en una mesa grande y solicitamos comida y bebida. Yo pedí un majadito de cordero y una cerveza paceña para reponer fuerzas. La comida era abundante, el gentío estimulante, las cocineras, músicos, camareras eran amables: terminé rápido y me dediqué a hacer fotos de aquellas gentes.

En aquel momento pensé en la situación como si fuera un sueño, una construcción mental que puede desaparecer en cualquier momento. Todo era presente de manera extraña: el humo de los braseros, el olor de los asados, las grandes ollas con sopa o cocidos parecidos a los nuestros, los hornillos con brochetas de verduras y carne, el color de los vestidos, el rostro de las mujeres, las manos de los hombres, la sencillez y humildad de todo… Era una fiesta colectiva en estado de comunión...

Rosa. Cocinera de Cotoca. 2015

Destacaba en aquella gran sala el griterío de la cultura criolla, especialmente el tono anunciador de los que querían atraparte al vuelo. Son muchos y todos a la vez los que reclaman a los clientes con paciencia y una sonrisa en los labios. Anuncian con una cantinela que los hace ser diferentes y lo hacen sin cesar:
 ¡Arepas deliciosas, pastel de choclos, chupe de papalisa, chhanqa de conejo…!

 Los puestos de la huerta están más lejos y allí anuncian las ensaladas y refrescos frutales. Sus voces resuenan en el fondo: ¡hay zumo de papaya, payaya, ayaaa, ayaa…
¡Ensalada de durazno y guayaba, guyabaaa, yabaa, aaa, aa!
Las comidas tienen una tradición de origen español y árabe: todo combinado con la creatividad nativa que hace que nada y todo sea reconocible. Los nombres son propios y descriptivos y los voceros los cantan como una letanía dulce:
¡ch'aqi de trigo, chicharrón de cerdo, majadito de gallina, fidius uchú, pique macho, puchero de carnaval, sullka, sullka, sullka…!
(Carne de res a la parrilla con mote de maíz).

Cocineras de Cotoca. 2015

Todo era nutricio, estimulante, sabroso y excitante. Los paisajes de la mente se hacen sólidos en aquellos instantes. Son nuestros escenarios de actuación y solo allí podemos modelar la forma del mundo: ¡aquello era parte de un sueño! Ahora tengo que buscar las palabras que lo definen y lo hacen plausible, real y sentido como un espacio vivido que puede recuperarse. Si no lo hago se perderán para siempre dentro de mi pensamiento, las voces huirán hacia la sombra oscura y quedaran borrados, dormidos, ocultos. Así que me esfuerzo para que no se pierdan, para que aquellos instantes no sean pensamientos erráticos y tengan rostro, sean otra vez sentimientos, experiencias y situaciones nuevas al ser leídas. Si los describo ya no serán erráticos, quedarán fijados sobre el papel y se convertirán en algo evocador, en “realidad interpretada”.
Todo lo que sentimos y recreamos en la "obra" es un intento de dejar testimonios fiables de lo vivido: ¡entre palabras todo esto tiene razón de ser…! Son poca cosa pero aquí quedan atrapadas como en estuches de piedra, presentes en las imágenes y en las invocaciones y desde aquí desprenden su energía leve y permanentemente. Desde este lugar pueden trascender sus límites iniciales y llegar a ser patrimonio, recuerdos colectivos…
Son respuestas a las maneras de ver y pensar, un madrigal en el camino que canta:
¡Mocochinchi, guacho, mocochinchi, guacho!

Nota: si alguien de Cotoca ve estas fotos y reconoce a las personas, le pido que se lo haga saber, ellas no tenían correo y querían las imágenes... Gracias a todos.

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