domingo, 31 de mayo de 2015

Asociación Tiluchi: un hogar en Bolivia

Entre un grupo divertido, un niño que gira los párpados. Tiluchi, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. 2015

Asociación Tiluchi: un hogar en Bolivia

La condición humana

Bolivia es un país rico en recursos naturales, cuenta con grandes reservas energéticas, mineras, agua en abundancia, tierras fértiles, un clima cálido y variado y un territorio interminable.
¿Qué pasa para que las desigualdades sociales sean tan contrastadas…?
¡Quizá son víctimas de la condición humana!

Algunas personas se encuentran totalmente desamparadas: la sanidad pública es deficiente, la educación también y el orden social es precario. No obstante pienso que el nivel de felicidad es más alto que aquí. En general, allí el sosiego personal no se basa en el tener, si no en el disfrutar lo que les es dado, lo que la vida ofrece y se toma con alegría. La pobreza se asume con tranquilidad y la tierra, el sol y los ríos proporcionan abundancia para vivir. Pero en la ciudad se crean desarraigos, exclusiones y abusos producidos por la condición humana: ¡situaciones de miseria e indignidad...!

Las clases poderosas son depredadoras en todas partes y si los mecanismos de control son deficientes las corruptelas arruinan a un pueblo: aquí lo sabemos muy bien. En todas partes somos víctimas de la “condición humana”.

Sea en el sistema que sea, los que tienen el poder se apoyan sobre sus clases sociales y sobre bases populares desclasadas... Los poderosos hacen servir los sistemas de propaganda, la prensa escrita, la TV. la educación, la manipulación de la historia, la religión o las ideas políticas. Así construyen a los suyos y le llaman "el pueblo". Les dan, o aparentan darles, prebendas pírricas y con su consenso y apoyo se corrompen y arruinan el país. Los poderosos no tienen otra moral que aquella que produce beneficio, es un impulso insaciable que no pueden controlar ya que es un estado emocional irreflexivo. Sus impulsos son la respuesta psicología a la realidad que observan y así convierten en ley su categoría moral. En su interior se justifica la anulación de los derechos y valores del otro, ellos son herederos de una realidad superior.
¡Así es la condición humana!

Así somos de soberbios ya que todos vemos lo que queremos ver, sentimos lo que queremos sentir y condenamos a los que no están con nosotros. Por derecho propio pensamos que los recursos son para unos pocos, los herederos legítimos de la tierra: ¡los nuestros! Posesión inmoral que se hace para comprar o secuestrar voluntades y mantener el poder como sea. En estas circunstancias las riquezas naturales no se invierten en el desarrollo del país, el capital huye y se refugia en los paraísos fiscales, en negocios virtuales y productos financieros.
El dinero es un estado invisible que genera poder en cualquier lugar de la tierra. En su dinámica también genera miseria espiritual y se apodera de la voluntad de las gentes. Somos víctimas de la condición humana y quedamos cautivos de sus señuelos…

Centro Tiluchi. Santa Cruz de la Sierra. Bolivia. 2015

La fuerza del bien común
Ya se que todo es discutible, revisable y mejorable, pero pienso que los defectos que producen las grandes heridas sociales surgen de la “condición humana”. No sabemos administrar la vida y no conocemos el beneficio del bien común. No contemplamos la equidad en los asuntos cotidianos, no observamos ese valor y si alguien lo hace dudamos y miramos más los motivos de porqué lo hace. Muchos creen que la labor termina firmando manifiestos, llenando los despacho de peticiones y colocándose una banderita en la solapa: eso no es el bien común, eso es medrar para coger lo que se pueda.

En la vida estamos sometidos a las leyes naturales y en el momento de nacer, los más desfavorecidos siempre quedan excluidos, expulsados del paraíso. Podemos buscar culpables, ensayar sistemas, hacer revoluciones, acogernos a dioses y religiones, invocar los derechos del hombre, confirmar las condiciones de los buenos, esperar que los poderosos cumplan la palabra dada y sanear las democracias: ¡siempre estaremos movidos por la incertidumbre! La Icaria esperada es un sueño que solo pervive en el pensamiento. No obstante hay un deseo que nos impulsa a respirar cada día y siempre pervive como fuerza paralela a la condición humana y es “la acción del bien común”.

Pienso que la humanidad es esencialmente generosa pero los impulsos de poder y los intereses primarios de la tribu la hacen perversa y ahí los débiles también contribuyen con sus acciones, sus omisiones y sus silencios. El error está en confiar en propuestas que sólo se apoyan en los sentimientos inducidos y en las promesas que no serán atendidas. No se pueden esperar soluciones de los individuos que impulsan y activan la “condición humana”. Si que podemos y tenemos que esperar algo de aquellos que se proyectan en “la fuerza de la razón y el bien común”.

La vida es más valiosa que el oro.
Parece ser que poseer bienes apoya y calma la soledad y aparentar tenerlos ayuda a obtener mayores dosis de felicidad. La riqueza es poder y llama a tener más poder pero conlleva la soberbia, la vanidad, el egoísmo y con su peso caer en una espiral enloquecida. Las riquezas crean la ilusión de conquistar la inmortalidad, pero es un estado engañoso: ¡sólo es una ilusión! Hasta los metales preciosos, los tesoros del Sr. de Sipan, no hicieron nada por salvarle la vida. Ahora los vemos y nos hablan de la historia y de una situación colectiva. Ha quedado la fuerza común de un pueblo, sus habilidades, creencias y conocimientos. Están ahí fruto de un tiempo, pero no recuerdan su rostro, ni contienen su alma y tampoco pronuncian su nombre. El oro no sirve para la vida, es una "acuerdo colectivo", la garantía que tiene el poder para mantenerse y apoyarse en su valor. Es una señuelo como todos los instrumentos de autoridad, los signos y símbolos permanentes de la condición humana. Ahora no es el oro la convención suprema del valor, es el crédito y este se basa en la seguridad del sistema...

Paradójicamente al acopio impulsivo de trastos inútiles se le llama “síndrome de Diógenes”. Se trata de una atracción hacia la acumulación, un impulso que no tiene final y se muestra como la expresión de la propia inseguridad. De igual manera puede ser el acopio de dinero y de poder. ¿Para qué más dinero si no te lo puedes comer, para que más poder si no puedes tomar el sol…?

La paradoja es que en realidad Diógenes abogaba por lo contrario, la renuncia a todos los bienes y objetos inútiles. Vivía en la calle y enseñaba sin cobrar, con un candil buscaba por los rincones las acciones de los hombres buenos (no encontró ninguna), dormía dentro de un tonel para no tener ni puertas ni ventanas, bebía con un cuenco y cuando averiguó que lo podía hacer con la mano lo tiró a la basura. No obstante era un sabio respetado por su comunidad y cuando el Gran Alejandro de dijo qué deseaba para él y le recriminó que con su actitud avergonzaba a su pueblo, Diógenes le contestó que todo lo que necesitaba era disponer del calor de los rayos del sol, aquellos que él le estaba quitando en aquel momento.

Niño con tres cabezas. Tiluchi, Santa Cruz, Bolivia 2015

Acción por los demás
Expuesto este marco social donde parece que solo se salva el fuerte, el que tiene recursos y el consentimiento de la fortuna, también se encuentran lugares para reparar los males sociales. Hay que pensar que la ayuda y entrega a los demás se hace de muchas maneras, Diógenes lo hacía hablando en la calle y manteniendo una actitud ante la vida. Otros lo hacen de manera directa y sacrifican sus vacaciones para ayudar como médicos, maestros, ingenieros o albañiles. ¡Hay mucho para hacer!

Ayudar en caso de desestructuración familiar, paliar la falta de formación, corregir los efectos de las drogas, apoyar a las mujeres que son maltratadas o están dentro de la prostitución, acompañar a los que se han abandonado y animar a los que no tienen esperanza. Algunas de estas personas pueden encontrarse en procesos irreversibles pero pueden tener un apoyo moral, una mano amiga que ayude a calmar su soledad. Otros pueden ser atendidos a tiempo y consiguen estudiar, aprender un oficio, crear una familia y regresar a la vida normalizada. Tambien se ayuda a los demás haciendo bien el trabajo, enseñando a los jóvenes como mirar el mundo y dando ejemplo con la actitud de cada día.

En Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) hay un centro que funciona con ayuda española donde es posible protegerse de la “condición humana” y encontrar la paz y la fraternidad en el bien común. Es un centro bien construido con ladrillo visto y maderas del país. Está ubicado en la naturaleza exuberante de Cotoca y el barrio de Guapilo Norte. Dispone de espacios generosos, de agua abundante y árboles frondosos. Se llama Asociación Tiluchi, la dirige Gregorio Monroy y su mujer Rosa Ruiz. Los dos han hecho allí su hogar basado en la idea del bien común. Administrar y dirigir la asociación se ha convertido en una manera de existir. Sobre la marcha, la experiencia y la búsqueda de soluciones han enlazado varios proyectos que van dirigidos a paliar las dificultades de la exclusión social...

Toborichi, árbol sagrado. Escuela Tiluchi. Santa Cruz de la sierra, Bolivia 2015

La Asociación Tiluchi
Es un proyecto que se enfrenta de manera clara a los problemas que genera la marginación, la pobreza y la soledad. Es una apuesta humana que tiene como objetivo proporcionar un hogar a los niños sin techo, a las mujeres de la calle y a sus hijos. La dirección del centro expone un cuadro de actuación social de la siguiente manera.

Bolivia es uno de los países más pobres de América Latina. Si bien la pobreza siempre se ha medido en términos económicos, también se manifiesta de otras maneras:

Hambre y malnutrición, mala salud, falta de acceso o acceso limitado a la educación y otros servicios básicos, alta tasa de natalidad, alta tasa de mortalidad causada por enfermedades, vivienda inadecuada (infravivienda) o carencia de ella, condiciones de inseguridad, discriminación y exclusión sociales, desestructuración familiar, violencia de género, promiscuidad, falta de participación en la vida civil, social y cultural y en el proceso de adopción de decisiones.

Una sonrisa solidaria. Tiluchi. Santa Cruz de la Sierra. Bolivia. 2015

Los niños 
Estuve muy poco tiempo con los niños y el que pude disponer lo dediqué a hacerles fotos y a enseñarles los resultados: ¡se divertían mirando sus caras! Ellos se miraron en un espejo tecnológico nunca visto y con aquella sencilla excusa me pude acercar a sus problemas y mirarlos desde su altura. Podía ampliarles un detalle, hacerles ver la comisura de los labios, el reflejo de los ojos, el candor de una sonrisa: ¡todo era sorprendente para ellos! Rápidamente se creó un ambiente festivo y de gran empatía. Los vi curiosos como lo son todos los niños, calmados y cariñosos, solidarios entre ellos, educados y agradecidos. El contexto era cálido y estaban en un ambiente sano donde la falta de sus familiares era compensada con una familia más grande y moderada con registros comunitarios. Disponían de espacios luminosos, naturaleza exuberante, ambiente de camaradas y una cocinera que daba de comer en cualquier momento. Casi no pude hablar con los profesores, eran horas de descanso pero “Goyo” me enseñó las instalaciones, los centros y los espacios de recreo. Entre los muchos temas que trató de explicarme me hizo observar:

-En este marco social los niños y adolescentes, los jóvenes de ambos sexos que viven en la calle, se encuentran en una situación vulnerable. La necesidad les conduce a la mendicidad, a la delincuencia o la prostitución. También buscan como satisfacer sus carencias afectivas, para ello se refugian en la droga como medio de sobrellevar la vida.-

La impresión fue la de estar ante un programa ético que se ramifica en varios proyectos. Los propósitos de Tiluchi son aportar soluciones y la ayuda social que el estado no cumple. Los diferentes centros acogen a gentes necesitadas sin pedir nada a cambio, todo está elaborado y ejecutado en beneficio de todos. Para mantener en marcha los centros cuentan con aportaciones públicas, entidades privadas, ayudas de empresas, apoyos particulares y una gestión contenida, sobria y bien trabada.

Mi Rancho, Santa Cruz de la Sierra. Bolivia. 2015

Mi rancho
Mi Rancho tiene como finalidad reconducir la educación y las esperanzas de los niños de la calle. Es un programa de formación integral dirigido a niños y adolescentes desamparados, aquellos que viven de la mendicidad, la picaresca y sufren todo el dolor que produce no tener hogar, ni familia, amigos o referentes estables. Algunos no son capaces de adaptarse y marchan, pero no todo termina ahí. Mi Rancho se deviene para ellos en lugar de referencia, un refugio para buscar soluciones cuando la desgracia aprieta, un hogar donde ir si caen enfermos, donde encontrar consejo o el calor de la familia si lo necesitan. También es una escuela donde adquieren hábitos, se socializan, comen cada día, tienen un lugar para dormir y unos amigos con quien jugar. Aprenden rápido que allí tienen el lugar donde existe la posibilidad de mejorar la vida.

El Pahuichi
El Pahuichi empezó su actividad como casa de acogida para mujeres en situación precaria, algunas vivian de la prostitución y con hijos a su cargo. Mujeres que salían de familias rotas, madres solteras, moralmente heridas o condenadas al maltrato.

De esta iniciativa surgió otra actividad paralela, un apéndice de Pahuichi que tomó forma en el jardín de infancia para sus hijos.

Los dos patitos. Santa Cruz de la Sierra. Bolivia. 2015

Los 2 Patitos
Empezó como “escuela infantil”, un lugar para recoger y atender a los hijos de las mujeres de El Pahuichi, pero con el tiempo se ha convertido en un jardín de infancia abierto. Ahora es un lugar de encuentro, un espacio integrador donde los padres de la comunidad del barrio de Guapilo Norte llevan a sus hijos.

Contemplar la sencillez con que tratan los problemas, asumir la complejidad de todos, hasta los más graves, e integrarlos en la comunidad como parte de la vida, es sin duda una acción en favor del bien común.

Jardín de Tiluchi. Santa Cruz de la Sierra. Bolivia. 2015

Mujeres SoñArte,
Mujeres SoñArte es otra propuesta que intenta buscar soluciones laborales y creativas sostenibles. Su actividad se centra en el diseño de objetos artesanos, (básicamente sobre tela) y posteriormente buscar su venta y distribución. Ellas cosen los objetos y los pintan a mano inspirados en sus vivencias personales, en relatos populares, en imágenes tradicionales o en fragmentos de obras de artistas conocidos como Mamani Mamani.

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