sábado, 27 de abril de 2013

El arte

Piedra en la penumbra de la Capilla Turkana. 2004 La Comella


El arte
Animados por motivaciones naturales y apoyados en nuestro desvelo, igual que se formuló la idea de dios, bajo su sombra, también hemos “instaurado el arte". Ha sido una actividad laboriosa y enriquecedora que ha proporcionado sentido a la vida y ha despertado energías individuales y colectivas sorprendentes; las grandes obras han transformado las dimensiones humanas y han construido la historia con referentes admirables. Ha sido un modo de aprender por medio de la intuición, de dejar fluir los pensamientos en libertad y de sacar conclusiones posteriores. Estas cualidades son comunes al resto de los seres vivos, la estética es un instrumento de seducción, reclamo, defensa, poder, miedo, engaño, evasión, etc. Estos valores son vitales para sobrevivir y explican que el impulso creador es consustancial a la naturaleza. El acto creativo tiene sus causas en la mejora de la adaptación, la comprensión del medio y el acoplamiento con él. Los humanos lo hemos “creado” a nuestra imagen y semejanza, así es como podemos pensarlo, vivirlo y adaptarlo al mundo que sentimos. Es partícipe de la construcción mental y espiritual que nos avala, con él se ha resuelto parcialmente el juego de lo real y se ha instaurado los límites del gran misterio.
Sabemos que la realidad es un enigma ya que no sabemos qué es pero estamos obligados a formularla; en la obra siempre se presenta como hipótesis a desvelar. Se trata de una singularidad extraordinaria y me atrevería a afirmar que es el gestor de la visión que tenemos de las cosas, una manera de interpretar que ha formulado conceptos brillantes y que ha modelado la vida en sociedad. En ocasiones nos emociona al encontrarnos reconocidos en un cuadro, en un edificio, una escultura o unos versos. Su existencia es fundamental en el encaje del imaginario personal, en la superestructura social y en la cohesión de la vida colectiva.
¡!El arte es necesario...

Sus argumentos
Le llamamos arte aquellas obras que hablan con la presencia de lo absoluto y su voz nos emociona, nos llena de incertidumbre, de presencias eternas, de memorias encontradas, de bellezas sublimes, de horrores indescriptibles y sobretodo, presenta el gozo de estar vivos. Nos expresa lo indecible con una vibración enigmática, impenetrable, substancial y siempre sin esclarecer nada, a su vez habla y colma plenamente nuestros desvelos. Lo hace desde la memoria, el recuerdo, la cultura, la historia y la connivencia. Lo ejecuta de manera holística y sin esclarecer como lo hace.
Hay mucho de nosotros en el juego de las complicidades estéticas; si no, ¡cómo podríamos sentir interés por "El triunfo de la muerte", (Pieter Brueghel el Viejo1562) donde muestra la aterradora llaga que supura el alma humana? ¿Cómo podríamos parar atención en un urinario invertido igual que la cruz de S. Pedro? Pensemos en el demiurgo; Marcel Duchamp al voltear el urinario, “La fuente, 1917”. Él invierte el sumidero para convertirlo en sobradero igual que los verdugos de Pedro invirtieron la figura del apóstol para demonizar su cuerpo.
Los símbolos cambian de signo y nos obligan a repensar todos los factores que intervienen en la obra; cada acción hace luz nueva al pensamiento. En realidad así pierden su función originaria para convertirse en objetos de seducción mental, en emisores de lecturas interminables...
¿Cómo podemos ver en la cruz invertida un símbolo satánico si a la vez es un gesto de humildad, un entregarse a la muerte a la vez que renuncia a tener los “honores” de Jesús? ¿Cómo podemos ver una fuente y por ende, una obra de arte, si unos minutos antes la hemos utilizado para evacuar nuestros sobrantes y lo hemos hecho sin asomo de consideración estética?
¡A pesar del absurdo, es necesario...!

Alquimia
La piedra de la Capilla Turkana tuvo la misma atención, sólo que no hizo falta voltearla, ¡la dejé como estaba! Ninguna acción es más poderosa que la que proporcionan los ojos, así que considerarla como a mi mismo, materia viva, fue suficiente... Fue un acto de demiurgo; ¡alquimia primigenia! Una piedra mira por la ventana y calla, permanece eternamente en silencio y nos muestra su perplejidad.
Como he dicho, físicamente no la modifiqué en nada, sólo le acaricié los ojos, la sumergí en la oscuridad, la protegí del tiempo y le di un nombre. Erguí la “piedra” y la puse en el centro, le cambié la función, la doté de cualidades humanas para que a través de ella pudiéramos ver un reverbero de luz…

Es una reflexión en el desierto que no tiene futuro, ¡ya lo entiendo! pero no me canso de insistir en la misma dirección. Todo es demasiado complejo, demasiado turbio para que el mensaje llegue a latir en la mente humana. Miles de personas estamos implicados en la batalla del esclarecimiento, pero puede más la oscuridad, la estética de la penumbra. La claridad se aleja de nosotros y nos deja cargados de palabras y piedras muertas; ¡nos sentimos desamparados! Sólo llegamos a asombrarnos ante el espectáculo que despliega la luz del sol y nos dice; -¡nada es lo que parece!-
Todo se muestra íntegramente y nada se entiende con plenitud, además, hay tanto ruido en el fondo que se hace imposible llegar a conclusión alguna. Es el insondable misterio del mundo el que desborda la obra y nos deja sentados en los lindes de la perplejidad…
¡Entre sus manos asombradas dormimos...!

La mirada
Llamamos arte a aquello que hacen los artistas y consideramos artistas a personas que tienen la capacidad de presentarnos una mirada propia de la realidad que tratan. Las variaciones son tan extremadas que se neutralizan las unas a las otras en un encuentro confuso; se le puede considerar arte a un vestido, una comida, el diseño de una silla, la realización de una fotografía y el cuidado de un jardín y hasta una lata llena de excremento. Mierda de artista, Piero Manzoni. 1961. (Todo es válido si muestra aquello que destila la naturaleza: intuición, pensamiento y concepto en la maestría utilizada... La mirada es constructora y cómplice de la obra si el autor es capaz de presentarlo con luz propia.)

En su sencillez espiritual reclama una atención inteligente; ahora es necesaria una buena dosis de información para compartir los senderos del arte. Es un instrumento valioso que ratifica lecturas simbólicas. Con imágenes apoya e ilumina lo incomprensible y con conceptos claros permite adentrarse en pensamientos insondables. Su ejecución y elaboración mental son siempre complejas, conceptualmente difusas y su difusión y aceptación son pura estrategia y oportunidad. Al margen de la experiencia acumulada, el resultado final tienen mucho de azar, riesgo, atrevimiento, generosidad, aventura, incertidumbre... y su ejecución nos obliga a poner en acción todos los recursos del saber. Es un objeto de substitución que nos ayuda a pensar e interpretar de muchas maneras el lenguaje de la naturaleza. También a considerar la conducta “irracional”, emocional, espiritual e ideológica de las personas. El arte puede ser un acto de libertad que favorece la “comprensión instantánea” de los enigmas que presenta el mundo, pero también y especialmente es un instrumento de autoridad donde confluyen muchos intereses. La obra y el poder van de la mano y esta relación raya el absurdo en muchas ocasiones, pero el registro intelectual y espiritual que deja configura la memoria del pasado... esas son las cenizas de la historia y nos pertenecen.
¡Como lo es el puñal, las cenizas son necesarias...!

El poder y el arte
Como pasa en otros campos del saber, la humanidad intenta encontrar en el arte la manera de substituir la naturaleza, de doblegarla, domesticarla y neutralizarla; desea convertirla en paisaje pintoresco para tener el sosiego deseado. Vista en la obra como homóloga de la realidad, la naturaleza presenta en el alma humana el efecto de alumbramiento y actúa como analgésico y libelo del engaño. Nos fascina ser engañados por la apariencia, por lo hiperreal y deducir sin esfuerzo las variables simbólicas que desprenden, pero en realidad la obra bien trabada no es una réplica inocente, un homólogo sis sus efectos. Su voz se introduce en nosotros como un susurro y en un instante nos presenta la cara oculta del mundo. Las emociones surgen, se cruzan entre los enlaces de la información y nos revela que algo sublime habita ahí, en la obra; eso hace de una batalla de horrores, de un urinario convertido en fuente, de una lata de mierda..., un objeto de deseo.

En el descubrimiento de una emoción siempre emerge la sensación de poder y también el estremecimiento del desamparo. Con la posesión de la obra se desea el control del caos y se codicia la notoriedad que proporciona estar informado en el tiempo presente. Se busca la posesión de lo extraordinario y a la vez abandonarse en él para garantizar su presencia en la historia. Para “ilustrarse”, el poder anhela la reputación de la obra, compra su complicidad, pacta la connivencia con las ideas y los intermediarios que la gestionan, todo sin el esfuerzo que implica ser ilustrado. Pero el desorden sigue ahí, amenazante e indómito y nosotros estamos obligados a poner las marcas que lo humanizan; cada día en el taller hablando y sollozando entre los campos yermos.

No es un señuelo, es un compromiso al margen del tiempo…

jueves, 25 de abril de 2013

Sensaciones

La Comella el dia de S. Jordi. 2013
Sensaciones
El corazón del mundo esta presente alrededor nuestro y su ritmo se manifiesta en la naturaleza; entre las cañas del río habla y canta. Las sensaciones nacen de la tierra y en el cuerpo vibran como una campana, resuena como una cuerda tensa y las sentimos de manera diáfana; ¡el mundo nos llega plenamente! En cada una de sus expresiones es visible, audible, táctil y en nosotros se hace concepto y argumento para seguir activos; ¡la tierra nos cautiva! Respira y al hacerlo nos da aliento, es el que tomamos sin cesar mientras vivimos. Ella no se mueve con los instrumentos de la “razón”, ese es un concepto humano que no disfruta de mucha gloria actualmente; estamos ocupados con el gruñido de las banderas. No utiliza el juicio en nada de lo que hace, sólo actúa por leyes físicas, por impulsos ineludibles y parece que se mueve entre el azar y la necesidad. Su manera de hacer está motivada por tracciones vitales; son posibles y se dan y de ellas nacen y actúan todas las “vocaciones” del mundo. Ahí aparece y titila una resonancia oculta que se hace forma y sentimiento en nosotros, nos enseña la textura, la gravedad, el olor, la distancia, el dolor y también es la creadora de nuestras complejidades. En la tierra se hilvanan los avatares de manera sincrónica; ¡son inevitables! “Sin intención alguna” bailan con todos nosotros, danzan en un trance continuo hasta dejarnos extasiados y rendidos entre cenizas.

Tratamos de manera despectiva el movimiento vital de la naturaleza, más aún, menospreciamos los impulsos de su fortaleza primordial, pensamos que es incomprensible, misteriosa e irracional y la abandonamos cuando "no es rentable", o la usamos sin control cuando los beneficios despiertan todas las ambiciones. Pensamos que las cuestiones físicas son de orden menor y que pueden ser controlables y reproducibles, pero de tanto en tanto nos damos cuenta que la mayoría de nuestros actos también son irracionales y que la ley universal, la que gobierna el caos, es la que lleva el control de todo y también es la que guía parte de nuestro destino.

Aunque aparentemente parece que todo se manifiesta como un hecho cultural, en realidad nunca podemos sustraernos de las seducciones de la luz y de las filiaciones a la vida; ¡somos en ella hasta la muerte! No podemos prescindir del "viento" que nos anima ni de los infinitos caminos que nos indica la dependencia del cuerpo. Él presenta su condición material constantemente y enferma o padece los cambios que imponen la leyes generales, enferma para  explicarnos que no vamos bien; es su única manera de proceder para sobrevivir o morir en el tiempo dado.
La naturaleza también gobierna el pensamiento, las hipótesis mentales son parte de su maravilloso patrimonio, incluso los procesos de investigación científica emulan los procedimientos que la naturaleza ha desarrollado desde el inicio del tiempo.

lunes, 22 de abril de 2013

Escultor

El libro de la eternidad atravesado por el rayo.  Capes de memòria fosca, Almoster 1975

Escultor

Soy escultor de incertidumbres, en el nudo de la oscuridad del mundo me observo y en el libro de la eternidad me atraviesan las dudas como el rayo lo hizo en la roca. El misterio me cautiva, soy como el aliento de un niño que piensa y observa atrapado entre las manos. También me observo en ellas, veo como emerge la forma que ilumina mi perplejidad. En ocasiones me encuentro confundido, cada día entiendo menos lo que pasa alrededor mío. Instalar una piedra que mira por la ventana me trae pensamientos nuevos, me presenta todas las hipótesis posibles y en ellas me encuentro lentamente. Las manos me despiertan los sentidos y con ellos actuo con mayor facilidad que con la palabra. Puedo afirmar que en el contacto con la materia me construyo, entre ella alimento el pensamiento, especialmente con el tacto y con él acaricio un sentimiento nuevo. Al ingerir la semilla me transformo, físicamente soy ella en el tránsito y al mirarla como la voltea el viento me emociono hasta el llanto…

Escribir me cuesta mucho, es un esfuerzo considerable y las ideas que expongo son evanescentes, siento que no tienen la gravedad que me proporciona una piedra. Por ejemplo: no encuentro en la voz el pronunciamiento insondable que se desprende del barro. Escribir es un oficio que respeto profundamente; en él siempre seré un intruso y pido comprensión para con mis sombras y desatinos. Me cuesta mucho trenzar un discurso usando conceptos que nacen de la experiencia como escultor. Cada palabra he de arrebatarla de la mente, arrancarla de la cárcava oscura y engancharla en el pantalla de las virtudes. La verdad, es un trabajo que me agota, lo hago con mayor esfuerzo que el que me cuesta retirar esquirlas de las piedras…
La piedra puedo dejarla sin pulir; no me molestan sus llagas, todo lo contrario, ¡me fortalecen! Me alagan sus voces azarosas, me sonríen los cortes naturales, las huellas de las herramientas, la imperfecciones de la mano. Pienso que su liviana dejadez le da un rostro legitimo, conquistado por derecho; ¡así habla la naturaleza! No se le pide a una roca del torrente que tenga las aristas tensadas y los planos diáfanos; ¡eso es artificio…! Todo lo que hago es parte del proceso natural de la idea y en la obra queda impreso el discurso y con él me explícito sin afeite alguno; trabajo como lo hace el río. No deseo provocar auras falsas, por ello prescindo de toda escenografía y en lo posible respeto el rostro que me viene dado.

He comprobado que las fuerzas misteriosas de la naturaleza se expresan en contadas ocasiones y que entrar en su templo es una quimera permanente; sus silencios reclaman mi adicción. Me cautiva la imagen imprecisa que desprende, me atemoriza la terrible evidencia de su voz. Pienso que la respuesta es más fácil encontrarla fuera, donde su lenguaje es directo y claro, pero yo anhelo estar dentro, en sus cámaras oscuras. En el bosque soy follaje que se mece con el viento, en las selvas y los manglares agua, en el monte piedra que se desgrana sola… La tragedia se muestra con plena autoridad y me abraza hasta ahogarme, ¡lentamente! La dentellada de la muerte siempre es presente y lo hace sin espavientos, así queda integrada con la vida; ¡siempre es una solución justa!
Dentro de sus salones dorados los desastres naturales me dejan perplejo, ante el infortunio quedo derrotado, el vértigo del infinito me sitúa ante lo irremediable y en él fenezco como lo hace el día. Los efectos beneficiosos también son fáciles de encontrar entre sus presentes, la naturaleza es generosa y me mantiene expectante, a pesar de todo solícito y amable. A ella le hablo constantemente, así me entrego a las piedras del consuelo…

La naturaleza siempre encuentra un “testigo atento,” un ventrílocuo que habla por su boca el relato del origen.

Tal vez fue así aquel día que me encontré ante el libro de la eternidad atravesado por el rayo. 

Todavía hoy me interesa interpretar de forma sensual el alud de signos que reverberan del espacio natural, el tañido emergente del presente mineral. Todo duerme entre la piel de las rocas; allí queda retenido el hálito del tiempo y susurra para nosotros una letanía interminable. Me interesa descifrarla y presentarla en la obra, explicitar su significado como se muestra una piel extendida, un cruce de signos infinitos que se neutralizan los unos a los otros, un palimpsesto milenario. La mayoría de las veces fracaso en el intento, es una angustia que me obsesiona y me hace resistente. En ocasiones tengo que jugar con mis dedos, reírme de mis desatinos y rondar en el círculo; es la trampa fatal en la que he quedado atrapado sin pensarlo.
En las acciones de Fénix he encontrado aliento de libertad, he tomado una buena dosis de esperanza y he reflexionado sobre la condición simbólica de la piedra abierta por el rayo. Aquello que pude ver en sus capas comprimidas, entre sus pliegues de tiempos singulares, tan sólo se podía ver con el utillajes de la intuición; ¡por un instante, tan sólo por un instante!
Pienso que entre la voz de los secretos canta la piedra y entre las frecuencias que exhala la roca canturreo yo; ¡nos confundimos! Así descanso en ella, en lo sorprendente de sus cambios duermo; ¡es una tarea costosa y larga! El latido de los instantes se enlazan conmigo, copulan como andróginos y crean el presente continuo; ¡así lo siento! Es el momento de asumir el compromiso y plantar en la tierra el hito de la verdad; entonces me levanto y soy una piedra alzada. En él dejo líquenes verde-azules, piel de sapo temblona y en el nodo de las complejidades reposo plácidamente unos instantes. En ese momento advierto la dificultad y me desvanezco, ante la complejidad del mundo me desmayo, caigo como un costal de harina; ¡se me hace difícil destilar lo incomprensible!

Entonces me digo: hay que pensar con claridad lo oscuro, ordenar los conceptos que emergen del caos, dar sentido a la obra en un mundo sin sentido.
Tenemos que renunciar a los atajos y entregarnos al agotamiento, no resistirse a la fatiga y caer al suelo como un caso de tierra. Devemos confiar en las manos y en lo que destila la mente hasta el final del tiempo. Hay que soportar con dignidad el silencio de los sabios y en ellos encontrar los pasos serenos. A los desconfiados dejarlos en su confianza, ellos saben donde están...
A veces piensas, si llegas a pensar algo; todo está oculto en el templo de hueso, en el hueco resonante donde habitamos juntos. No hay que copiar las voces oscuras, ¡hay que interpretarlas!

domingo, 21 de abril de 2013

Los ojos y el deseo

Con el macuto a cuestas caminaba por una cantera del Garraf. 1974

Los ojos y el deseo

Mi voluntad en aquellos días estaba anhelante, los ojos y el deseo estaban especialmente atentos a los signos que desprendía la naturaleza; ella se mostraba limpia, espontánea, generosa y cruel; ¡todo lo hacía sin ornamento alguno! Yo tenía 26 años y quería ver las cosas como son, sin abalorios ni afectaciones; sigo esa senda, vivo comprometido y sin aderezos. La fuerza del deseo, la voluntad por aprender me tenia cautivo pero no sabía qué hacer, sólo hacía rayas en el suelo, círculos en el aire y mirar y asombrarme ante el espectáculo del mundo…
Aquel día me confundí dentro de un hueco en la tierra, una cantera había devorado media colina y en aquella herida desproporcionada estábamos todos los actores presentes. Con un despliegue oculto hablaba la montaña, los árboles oscilaban con infinitos requiebros, la luz deslumbraba hasta dañar los ojos, el viento trenzaba la piel y las rocas dejaban caer su gravedad sobre los hombros… Todos estábamos a cuerpo descubierto y todo se presentaba tejido en aquello que más tarde denominé realidad presentida o realidad estética.

La herida supuraba el dolor de la tierra y me golpeó de frente.

Aquel día hice un trayecto largo, ¡incalculable! Hoy pienso que di un paseo por el cielo, una zancada de gigante al definir aquello que llegó a ser importante en mi trabajo; “encontré la orientación oculta y la reconocí al instante”. En el ámbito experimental comprendí lo fundamental y desprecié lo aleatorio; “descubrí” que el arte es un lenguaje subsidiario de la naturaleza. Acepte de grado determinados valores que deseaba aplicar en la obra y algunos se han mantenido hasta hoy; la cualidad que habita íntegra en la materia y la sencillez de las formas. Intuí que buscar la luz es una pretensión fatua y que donde podemos sentirnos es precisamente en la oscuridad de los motivos y en el esfuerzo de desvelarlos. Al hacerlo así nos encontramos de frente con la cara oculta del ser; ¡ahí nos hacemos! Podríamos afirmar que en el ir haciendo nos damos...
Manifiesto que he trabajado enérgicamente en esa dirección, que en algunas ocasiones he pisado la “roca madre, la caverna deseada” y me he sentido reconciliado con los momentos y hallazgos encontrados. L’anell de pedra y la Capilla Turkana son obras que me justifican, ellas dan sentido a mi desasosiego. Otras me dejan intranquilo, sé que el aliento primigenio no respira en ellas. He tenido distracciones y en algunos momentos falta de fortaleza moral; lo siento mucho, mi trabajo no versa sobre la bondad humana. En el viaje no he tenido la voluntad necesaria, tampoco buenos consejeros y los más cercanos; ¡ay, los más cercanos, nos hemos hecho daño! No me han visto o se han sentido ultrajados por mi manera de verterme al mundo. He crecido solo ya que era como una planta en el estero y tenía que crecer, ¡sin pretenderlo han pasado los años! Sin recursos he caminado en solitario, recluido en mi y sin cesar he volteado la tierra y aunque he tenido especial interés por ordenar los papeles, mi falta de formación ha dejando muchas cosas sin concluir; siento con pesar mis deficiencias, son azogue diáfano que hoy enturbia mi trabajo.

sábado, 20 de abril de 2013

La fita grande. Sant Andreu de la Barca. 1974, 120 x 040 x040 cm.

El ser, la piedra erguida

En el espacio que envuelve nuestra vida siempre está presente el espejo del mundo, nunca lo vemos con
claridad, está empañado con nuestro aliento y siempre estamos ocupados en cuestiones colaterales, en señuelos que nos mantienen ciegos. La fita señaló el lugar y los signos que se mostraron a los sentidos quedaron en mi mente, allí duermen y los tomo ahora para hacerlos presentes. En aquel momento yo no estaba preparado para asumir la propuesta, fui un testimonio abierto al devenir y así se fue desplegando en la conciencia poco a poco; ¡ahora es realidad en la Comella!

¡Allí, como ella, fui la piedra erguida por un instante, tan sólo por un instante!

En la cueva del Garraf el hito inhiesto que mira por la ventana se encontraba en la fase inicial, era espacio vacío que clama en la mente. Me hallaba confundido, desinformado y anhelante; ¡en aquel lugar inicié un camino interminable...! Perfectamente podía dejar las cosas como estaban y dedicarme a otros menesteres; ¡todas las sendas eran posibles! Escogí el camino que he recorrido y eso hizo efectivas mis quimeras, mis incertidumbres e ilusiones. Pienso que fue un impulso providencial en el momento justo, estaba allí y quise ver el tramo que le faltaba...
En la vida actuamos por decisiones no meditadas, caminamos a ciegas pero escogemos una dirección y en ella nos recreamos, nos hacemos pensamiento lentamente y fluimos en el tránsito de los días. Somos aliento transido en la obra, esta, una vez liberada, ya no nos pertenece, se hace polvo entre olvidos o en algunos casos inspiración colectiva…

Sin necesidad aclaratoria, sin el juego de las palabras, el aire traía el mensaje como el sol trae los albores por la grieta sinuosa. La luz deslumbrante siempre ciega, la sinuosa destila las ideas en una comunicación profunda, esos resplandores estaban allí para ser atendidos y se hicieron ver con la misma facilidad que se hace el acto de respirar. Captar el sentido de las cosas era para mí la épica del instante; resonancia existencial que se hizo aliento presente y ha sido guía perdurable en las horas de vacilaciones…

Como escultor esta experiencia fue el mejor pago recibido, la que me ha dado fuerza y me ha ayudado a vivir. En el resto de mis ocupaciones, en mi condición de hombre que ha de relacionarse con los demás, casi siempre he encontrado dolor y desconsuelo…
Todo el trabajo que he realizado fue motivado por el impulso de aquel instante; ¡vivir en aquel sentirse piedra, fita que ocupa el lugar!
En aquellos segundos nació una idea, una manera de vivir, a ella me siento unido…

lunes, 15 de abril de 2013

Acecho

Cajas al acecho. Rincones para personas buenas. Piedra arenisca de Osona.  9 unidades. Medidas variables. 2013

Acecho
La escultura es una verdad al acecho y como todo lo que destila misterio en la vida ha de contener una brizna de reserva, cierta naturaleza desconocida; pienso que un encuentro frontal con el secreto sería desastroso. La obra ha de ser un vehículo para recordarnos que somos naturaleza efímera; ¡el soplo de un instante! Ella lo es todo, en un segundo muestra el trayecto recorrido y ya sin voz revela el tiempo pasado. Así, en un giro repentino, se descubre y presenta todo rasgo evolutivo y también los estadios pre-racionales; es entonces que los presentimientos se hacen evidentes.

Entendido así el arte tiende a conectarnos con la vibración silenciosa y las verdades ocultas, con las hierofanías que describe Mircea Eliade en Lo sagrado y lo profano. La obra si está viva respira el aliento de la eternidad, es decir, se comunica con todo aquello que transpira lo esencial y nos relaciona con el mundo de manera sincrónica. En un instante formamos parte de su universo emocional y encontramos la unión con aquello incomprensible que representa. Es por ello que la expresión creadora no puede hacer evidente aquello que muestra, siempre ha de insinuarse, camuflarse entre sombras. No decir nada pero con la vocación de afirmar una verdad que se oculta a la vez que se presenta en todo su esplendor.

El encuentro con el saber mistérico, la comunión con el sustrato material, se encuentra fundido con el aliento, el impulso inteligente. Él es el que seduce a la razón y con hálito inmaterial nos perturba al insinuar como se ha construido el mundo. La creación artística y las aportaciones conceptuales y formales que desarrolla, construyen puertas de entrada a realidades nuevas, y a la vez, responden a impulsos humanos que son siempre los mismos. Pienso que las buenas obras han de ser iniciáticas, por lo tanto transformadoras de la sensibilidad humana. Han de configurar espacios que nos articulen y conecten con la unidad primordial, la base de todo lo formado. Somos en la materia y en ella nos damos, en sus infinitas figuraciones nos sentimos y también formamos parte de su capacidad creadora. Nos envuelve su evolución y la fuerza regeneradora que activan las primaveras; ¡somos en el tiempo! Son ellas las que crean los lazos profundos entre la sensibilidad humana y el espíritu que destilan los sucesos, los cuales se dan libremente, se encuentran en la naturaleza en estado salvaje y sin censura.
La obra transpira un soplo comunicante y atrapa con gravedad la sonrisa de una piedra; nos pone en contacto con ella sin decirnos nada. También lo hace con aquello absoluto que habita fuera del objeto, fuera de todo lo concreto, lo que queda cosido entre las formas y las palabras.

Pienso yo, que las grandes estéticas nos sumergen en el orden implicado, el que queda inscrito en la cara oscura de la materia y resuena en aquello que palpita dentro de los procesos de cada sistema vivo.

Todo esto aparece ante los ojos como excesivamente complejo, pero en realidad es sencillo. Constatamos que las personas tenemos la capacidad para aprender, para sorprendernos, emocionarnos, reír y llorar. Si una obra actúa sobre nosotros, si opera sutilmente y nos saca del hastío, si nos inquieta y matiza el pensamiento, algo vivo e inteligente hay en ella. Si el timbre de su voz no nos deja indiferentes o excesivamente complacidos, algo vital puede crecer entre nosotros y así devenirse en realidad nueva.

sábado, 13 de abril de 2013

Destino

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Acción de escribir y negar lo que se escribe. 1992 Castellvell del Camp

Destino
El año 1988 después de haber leído algunos textos sobre "la deconstrucción", conceptos que Derrida dejó disueltos en el aire y que en algunos casos llegaron a contaminar el lenguaje hasta la obsesión, hice la obra "Destino". La idea era similar a algunas acciones que había realizado anteriormente, concretamente en la década de los setenta, obras que referiré en otro lugar si viene a cuento. Quise incluir en el trabajo el valor de la acción, también el hecho de construir y el imponderable de la destrucción. Ahí quise actuar sin objetivos concretos y afianzar el concepto en la pura repetición, una trabajo inútil que me conducía al agotamiento. El concepto derridiano quedó suspendido, perdido entre el hacerse y el destruirse, era como una parálisis en movimiento.
Miedo a la permanencia, -digo yo...!- quizá elogio al olvido... mejor pensar que quedó como una espada en el aire; ¡siempre amenazante!
Es el castigo que sufrió Sísifo portando su piedra ladera arriba, después verla rodar ladera abajo y volver a empezar con la dolorosa carga de siempre. Una acción desesperada en busca del destino, repetición absurda y obligada en toda la actividad humana. "Destino" es una pieza unida a las leyes de la entropía, a los conceptos de repetición, a los factores que el tiempo impone en la evolución de las cosas. Destino, como obra, niega el relieve que juega el presente sobre los acontecimientos futuros y presenta la acción sometida al flujo ciego del instante.

La obra tiene dos tiempos, la razón elabora el concepto y lo centra en la palabra destino, la mano, con un palo largo ejecuta la acción y graba en la playa la palabra. "Destino", Seguidamente el tiempo actúa, pasa una ola y la acción del agua borra el contenido. Como una condena se vuelve a escribir una y mil veces la misma palabra sobre la línea de costa, "Destino", "Destino"..., igual que Sísifo, empujando la misma piedra, el resultado es siempre el mismo, el tiempo nos condena al olvido a una memoria oculta, borrada, a una existencia sin referentes.

En éste caso se trataba de asegurar mi destino en la línea móvil, en el horizonte de los cambios, manteniendo activo el principio de incertidumbre. Escogí el lugar en la playa de Tamarit, entre la tierra y el agua, justo donde se forma la más virulenta de las leyes, la de las permutaciones, donde las fuerzas débiles también son disueltas en el caos y todo queda sumergido en un remolino de aliento, de agua y tierra.
Escribía una y otra vez la palabra "DESTINO" y el agua la borraba al instante. Nunca tuve la conciencia tan clara de la fragilidad del ser humano y sobretodo, de la fugacidad de la existencia.
¡Que placer ver en piedra Las siete sillas de Mérida¡ Por lo menos sé que me sobrevivirán, pero, algún día, también quedaran absorbidas por el remolino resplandeciente de Ahná;
¡Todo es cuestión de tiempo¡

lunes, 8 de abril de 2013

El barro

La voz del agua sobre la arena. La playa de La concha quedó expresada de esta manera. S. Sebastián. 1982. El orden, igual que el desorden, es patrimonio de la dinámica del mundo.

El barro
El barro primordial no fue bíblico, fue materia inerte cansada, agotada de ser lo que era y se dispuso a ser el tosco cemento del primer escultor; el Dios molécula, el Padre protozoo. Primero el barro se miró ensimismado y empezó a temblar al constatar que era perezoso, que su alma no era nada. Ni un sólo recuerdo la habitaba ya que no tenía mente para pensarse. ¡La soledad de ese momento debió ser conmovedora! Después, sin apasionarse y probablemente sin pretensión, se reveló inteligente y empezó a crear variables de las huevas que se replican solas; entonces vino el milagro y lentamente, las múltiples formas de vida poblaron la tierra. Más tarde el barro fue fósil inteligente que espera en la laguna, que duerme y se despierta a golpes de martillo en la roca o se contiene oculto y permanente en la montaña. Hoy es memoria virtual en un disco duro que despliega todas las estrategias del pensamiento. Disco que se formatea y se llena a cada instante y lo hace con los vestigios que deja la acción de la vida.

El barro primario es hoy un espacio laico donde se guarda la acción del tiempo; allí queda impreso en forma de libro. También la substancia vital de la creación es generada desde el mismo lugar, pienso que en la matriz del limo se oculta todo. Sin intención actúa, sin proyecto alguno se encarga de retener la información y reproducirla. ¡Es una Epifanía que emociona! Las partículas que forman el polen se disponen y se determinan, se unen y son transportadas por el viento, vibradas por la luz y animadas por los rastros de la lluvia. Los gránulos beben en la tierra, se calientan con el sol y despiertan en las orillas del río en forma de huevas expectantes. Estas acciones y muchas otras son las que crean la forma resultante; de la materia nace un concepto nuevo, la vida como laguna repoblada, lecho de lo que fuimos y embrión que ha configurado el mundo que vemos. De la caótica arcilla nacen y fenecen las especies vivas y por añadidura brotan nuestras observaciones. Quizá es la materia que espera el momento de animarse y tomar la palabra; entonces la piedra se yergue y pronuncia su nombre, después se hace semilla sedienta que aguarda el azar para caer en el surco. Así, con el tiempo, un “mono” lémur se desmaya y cae al fondo de una sima, allí encuentra el lecho de limo y con el tiempo se hace piedra. Un caracol se arrastra por el légamo, se duerme y allí quedan registrados todos los detalles de su cuerpo. Una hoja navega por el río, apacible llega a la laguna y queda quieta, atrapada en el fango; sin querer se hace memoria de su tiempo.

La materia se ha revelado y se observa. Aquí merece la pena recordar las palabras de Heráclito, ( La misma cosa está en nosotros cuando estamos vivos y cuando estamos muertos, despiertos o dormidos; porque éstas cosas dándoles la vuelta son aquellas y dándoles otro giro son otra vez éstas) Frag. LXXXVIII.

Deseo entender las palabras de Heráclito des de la perspectiva de nuestra época, y para ello he de vaciarlas de una connotación sagrada que él impregnaba a su discurso. Su preocupación estaba centrada en el conocimiento de las leyes profundas de la naturaleza, lo que sorprende de sus aciertos es como podía hacerlo comprensible a la razón con el único instrumento que tenia a su alcance, la observación, la palabra que ilumina la idea, el concepto que perfecciona una dimensión interior: la intuición. Todo queda bañado de una luz nueva que justito pueden ver los ojos.

Otra vez las siete sillas.

Las siete sillas son una pequeña porción de la historia de la ciudad de Mérida y el libro de barro una metáfora del dulce juego de la vida. Dice la tradición popular que los árabes se sentaban en los siete salientes del anfiteatro romano para parlamentar. Esa es la excusa del nombre y la función es la de retomar el libro como contenedor de memorias emulando el subsuelo de la ciudad.

La obra confía en el valor de la palabra, en los textos escritos, en los hitos de piedra. Recuperación de la memoria a través de los topónimos, de las imágenes, de los restos fósiles, de las señales que nacen a la luz. Todo eso está ahí porque los sentidos nos llenan de sorpresa y asombro. Todo eso está ahí porque su esencia es oculta y nos presenta el misterio; ahí la mirada queda cautiva. La constatación de su labor nos demuestra las realidades presentidas.

Si la "voluntad" de la materia va dirigida a crear capacidades, si estas nos proporcionan recursos para ver las cosas, hacerlo con atención es el logro de la aventura de la vida. El mundo entero se degusta con placer, las cosas más simples nos llenan espiritualmente y la muerte no es un abismo al que caemos empujados por la fuerza del destino. Es el regreso al barro, al seno de la memoria eterna; en realidad se trata de un baño de verano entre violetas.

¡Que más queremos¡

viernes, 5 de abril de 2013

Naturaleza y pensamiento

Las piedras del consuelo. Piedra arenisca de Vinaixa. 2005-2006, 320x320x320. La Comella.

Naturaleza y pensamiento

La tierra es una paradoja inquietante, es un evento vivo que nos hace bailar entre su cuerpo vibrante, es una propuesta terminal que jira sin cesar para mantenerse estable. En sus volteos nos dice que tenemos que llevar su ritmo y no detenernos nunca, si lo hacemos quedaremos paralizados al instante; ¡disueltos entre los rayos de luz!
En el basto universo la tierra es un lugar débil, desamparado, castigado y solitario que se ha convertido en nuestro hogar. En ella viajamos confiados por este lado de la galaxia y no vemos que ella es el único cielo que nos ha tocado en suerte. No la entendemos, no la cuidamos ni respetamos y nos desvivimos por sangrar sus tesoros, ¡la voracidad nos disloca! Como en muchas otras cosas vivimos en un estado de ansiedad permanente; ¡así no podemos tener la casa ordenada!

Nuestro mundo se presenta como un misterio: vemos el cauce del río, pero no interpretamos bien las acción que provoca en la vida. Disfrutamos de la nieve en la montaña, pero no observamos que ella supone las reserva hídricas del verano. Nos complace viajar y ver todas las facetas de su rostro; incansables damos vueltas a la tierra para tener la sensación de que somos estrellas rutilantes. El mundo se ha hecho pequeño y lo hemos puesto en una situación de peligro. Nuestra actitud es insoportable y estamos perdiendo la unidad, el ritmo con el latido del planeta. Hemos perdido el respeto y la conciencia de que somos parte de él. Sin sus alimentos vitales, sin su soporte material, feneceremos irremediablemente.

Los antiguos tenían una relación más respetuosa, también la escala de agresiones era menor; ¡era un daño soportable! Entonces pensaban que era un ser vivo redondo y con pelos cuyas hebras las formaban las plantas, también pensaban que Dios hizo el mundo en una semana lo que le daba un sentido de obra divina y respetable; ¡en ella teníamos un lugar…!

Actualmente la teoría del caos plantea una hipótesis más controvertida, nos dice que todo, absolutamente todo, esta sometido a una ley que al interactuar modela la realidad que percibimos; ¡el caos es creador! Otras teorías nos hablan de la simbiosis de las formas vivas y nos aclaran que todo fluye buscando las correspondencias; todo queda sometido a la necesidad y la función. De su respuesta acertada, equilibrada, emerge un orden que se regula automáticamente; ¡no hay que preocuparse!

Pienso que la tierra es otro libro de narraciones interminables, tiene escrita en las diferentes capas de la piel la historia de aquello que ha vivido y podemos hacer infinidad de lecturas de las historias que presenta. Podemos constatar que en su proceso la tierra se ha destruido varias veces y que la vida ha tenido que reinventarse, adaptarse a situaciones nuevas; ¡nada es definitivo! Así lo constatamos al escuchar su canción en los huecos de la montaña, al mirar un resto fósil y visionar su particular forma de existir.

Cuando observo los signos que describe la naturaleza, siento como la voz de la materia es presente, el rastro fosilizado de las formas vivas ha dejado su huella en una roca calcárea y situarme en su tiempo me causa una gran melancolía. Estas lecturas son instantáneas y las hago sin ningún propósito científico; en el pensamiento juego con ellas, las acaricio y empiezo a sentir su voces. Entonces me inunda una sensación de abandono, de ternura y congoja, algo profundo me duele y la dulce poesía del pasado se expone ante mi permanentemente. Es una percepción directa, plena, holística y estética; ¡así la siento!

Quizá nos espante, nos “aterre” la rigurosa ley de la tierra, nos asuste la naturaleza oscura de su voz y con un espasmo quedamos perdidos entre vibraciones temerosas. Tenemos recelo a sus grandes espectáculos donde las leyes se expresan con rigor. Nos asusta la potencia del tornado, la cadencia del paisaje, la melancolía de la tarde, la fuerza de un terremoto y especialmente, ahora tememos su fragilidad. Por el contrario las sensaciones son de placer ante las emisiones débiles; aquellas que proyectan un grano de arena aislado de la inmensidad del desierto, un fósil en una vitrina, una hoja arrastrada por el viento. Sentimos el rumor del río, la suave brisa de las olas, el olor de la lluvia y el calor del sol al despuntar el alba; ¡ahí nos emocionamos! En ocasiones podemos ver como una pluma desvía el curso de un río y nos causa asombro el poder de los pequeños gestos. Observamos los cambios con placer. Contemplamos como un hecho estético aquellos que emite una suave ráfaga de viento. Por la mañana, nos emociona la belleza de una gota de agua que pende de una hebra de hierba. Una gota de agua es un espectáculo sorprendente que se escapa a la percepción cotidiana. La gota es una lente esférica que emite toda la luz que recibe. Entre otras cualidades refleja las cosas de su entorno y las proyecta movida por la fuerza sensible de una ley natural, la refracción de la luz. La refracta totalmente y la envía al infinito en forma de presencias luminosas. Así hace pervivir el instante de todo aquello que le rodea y lo envía hacia el telón de fondo; ¡es un viaje estelar! Nuestro mundo visible viaja a la velocidad de la luz y se expande en todas las direcciones.

Todo esto lo he explicado de manera muy breve, pero la conciencia del fenómeno lo convierte en un gran espectáculo y para vivirlo con intensidad se ha de experimentar primero y se ha de leer con paciencia. Los niños saben hacerlo muy bien y estoy seguro que no tendrían ninguna duda en escribir ahí sus fantasías, que es lo mismo que cincelar su testamento. En una gota de agua se mecen sus sueños, o bien susurran sus esperanzas dentro del libro de barro.

Muchos intelectuales, profesores y pensadores honestos piensan que el hombre ya está más allá de la naturaleza, que hemos conseguido producir nuestro propio hábitat a través de la cultura y que todo aquello que nos rodea es fruto de la acción humana.

Yo pienso que no hemos variado el rumbo original y tengo el presentimiento que todo es obra de las estrategias y los simulacros que nos hacen medrar. Si nuestras ideas son la herencia de lo pensado, el señuelo se lo “real”, es que ya hemos sucumbido en la trampa del pensamiento y vivimos fuera del corazón del mundo. Si es así no hay que temer nada, el mayor castigo está en marcha y es inevitable el ocaso…

El mundo es una imagen virtual que hemos creado para explicarnos como deseamos que sean las cosas y parece ser que el final es un mal que tenemos que evitar con todos los medios a nuestro alcance. Pienso que estamos cegados por las fantasías de la producción mental y que estamos entrando a formar parte excesiva de las ficciones que hemos creado; ¡Matrix ya es presente! Por el contrario, comparto la opinión de Francis Bacon, -Todo depende de mantener la mirada constantemente fija en los hechos de la naturaleza y recibir así sus imágenes como son.-

martes, 2 de abril de 2013

Las manos

Las manos nos ayudan a pensar. 2012

Las manos
Aprendemos por tanteo, tenemos los ojos en la yema de los dedos, ensayamos una y otra vez la textura del mundo hasta que la acumulación de errores nos satura el pensamiento. Tomamos la herencia de los demás como una sustancia propia, interpretamos la historia como si en realidad fuéramos poseedores de la única verdad; ¡pensamos que dios está con nosotros! Es una quimera que nos muerde los sentimientos y cargados de razón nos destroza lentamente. Pienso que no aprendemos nunca porque realmente, en el fondo confuso de las emociones no deseamos aquello que afirmamos querer; ¡el lenguaje nos traiciona!
La duda es saludable y de ella nace el saber y constato cada día como nada duda más que las manos. De la incertidumbre brotan los periodos nuevos; temblorosas explican los estados del corazón. Quizá ellas solas hacen la obra e intuyen que en el desconsuelo del perfil inacabado se oculta la verdad; ¡las manos señalan con dolor los misterios de estar vivos! Con ellas constatamos como nos entregamos al desasosiego, a la fatiga permanente y con el trasiego de los días creamos poco a poco el fermento del ser uno mismo.

La labor de las manos es vital para la formación del pensamiento y también para la presentación de los diferentes modelos de realidad. Las manos proponen, diseñan y elaboran el magisterio ideológico ante los ojos y la técnica, la acumulación de conocimiento, depura y ensancha los territorios donde poder actuar. Con la ayuda de la palabra, con el dulce sueño del pensamiento, las manos ha acumulado memoria y ha realizado la biblioteca de Las siete sillas; ¡lecho de las hipótesis mudas! Si queremos verlo de esta manera, hoy son la metáfora que señala el deposito del saber.

Los seres humanos nos hemos construido como un colibrí, él vuela para estar ingrávido, como una salamandra, ella se desprende de la cola y la mantiene activa después de la excisión para poder sobrevivir; ¡es una estrategia inteligente la del desprendimiento! Nos hemos hecho en una acción conjunta, en un todo integrado, formando un almacén de memorias que se exponen en la palma de la mano, entran por la ventana de los ojos y definen las ondas de luz, tintineos que hacen vibrar los tímpanos y así distinguen las del sonido. El mundo es un juego asombroso e incomprensible, se muestra y se cuela por los sentidos hasta empaparnos el conocimiento.

Bolas de barro para dejar suspiros. Acción propuesta en Santa Mónica, Barcelona 2012. 

Hago actuar las manos y pienso; con el dedo hago un agujero en el barro tan profundo como me es posible. ¡Soy constructor de formas y observo! Acerco la boca en aquel espacio pequeño y deposito una idea inaudible, la dejo caer como la salamandra al desprenderse de la cola y huye, como el que deja una semilla esperando que germine. ¡Actúo y también sé mirar! Cierro el agujero y allí queda oculto el mensaje, como un misterio permanente se esconde. Después pienso que desde allí irradiará energía como una luz oscura y débil, desde allí emanará una idea estética y ética si existen ojos inquietos para mirarla. Sin descanso, vuelvo a hacer la misma operación tres días y tres noches, el barro empieza a endurecerse, el dedo ya no puede entrar y las palabras empiezan a quedar en superficie. Ya no puedo más y lo doy por acabado, no soy suficientemente fuerte; ¡me falla la voluntad y las manos están cansadas¡ Pero sé con certeza que en la urna sigue abierto el espacio para muchas más acciones y que todo está dispuesto para empezar de nuevo. La razón me dice que sólo es cuestión de agua y energía para volver de nuevo a la experiencia inicial; ¡las manos se lo han explicado muy bien! La necesidad estética me induce a continuar siempre en circulo, las manos han creado adicción al barro y con calma han hecho un eje central enganchado a la voluntad; ¡ahora seguir es el consuelo!

Me siento agotado y marchito, siempre rodeando el mismo problema. Las manos me ayudan a pensar, inclusive aquí, ante la pantalla, ellas buscan los contenidos, pulen los conceptos como lo hace un artesano; ¡sospecho que nunca estará dicha la última palabra! El libro está inacabado como propongo en la Ciudad de Mérida, como nos impone la acción del tiempo y las aguas del Guadiana. Como siempre y para todos, la realidad es abierta y llena de enemigos invisibles que nos conducen livianos al lecho del río, a formar parte del gran libro del tiempo.

La incertidumbre es nuestro enemigo y tenemos que habituarnos a su presencia, es la compañera que nos alimenta y anima a seguir buscando. Necesitamos una justificación para vivir, las manos las presentan como perlas; ¡a miles se muestran en la obra cada día! Tendríamos que estar pletóricos pero no aprendemos nunca a ser felices. Sentimos como la vida se justifica así misma; es barro animado que se alza en su voz. Así se crea una batalla terminal entre la palabra y los hechos, entre lo que hacemos y lo que decimos, un circulo infinito de posibilidades que pocas veces se encuentran, es la lucha que danza entre la vida y la muerte. Pienso que así se incorpora en la obra el valor transformador del pensamiento y así disfrutamos en la vida cultural, que es la energía que generan las manos. En la acción existe una vía abierta, interminable, una puerta por donde se neutraliza la caricia del tiempo. Así, en el libro de los días, que no es otro que el que describe la ley de los cambios, se aprende a estar abierto a todo lo nuevo. Con los ojos atentos y sin pestañas, asombrados ante el latido creador del mundo, las manos nos muestran como pasa el agua por el cauce del río...